Qué es
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad degenerativa ocular que provoca alteraciones visuales importantes al afectar el centro de la retina, la mácula, y por lo tanto, el centro de la visión.
Su causa no está del todo aclarada aunque se sabe que existe una predisposición familiar genética, sobre la que actúan unos factores ambientales como el tabaco y la dieta. Sin embargo, el factor más determinante es la edad, ya que no aparece nunca antes de los 50 años, pero con el aumento de la edad su incidencia se multiplica.
Tipos
Existen dos tipos de DMAE: una forma seca y otra húmeda.
La más frecuente es la forma seca, que tiene un curso más lento. En este proceso se produce una atrofia de la zona macular.
La forma húmeda, por contra, tiene un curso mucho más rápido y el pronóstico es peor. En esta forma se acumula líquido debajo de la mácula. El paciente refiere que las líneas rectas se ondulan, y disminuye la visión central. También puede notar cambios en la lectura del periódico, al ver la televisión o al mirar las caras de la gente.
Si nota los objetos torcidos o la aparición de manchas negras que no cambian de posición, debe concertar una visita en el plazo de unos días. Pese a que no note cambios en su vista es conveniente realizar visitas periódicas.
Síntomas
La DMAE es la principal causa de baja visión en nuestro país en personas mayores de 50 años. Las formas precoces no suelen cursar con pérdida significativa de la agudeza visual y suelen ser detectadas en un examen rutinario.
Las formas avanzadas están presentes en un 3,5% de las personas mayores de 75 años, alcanzando en algunas poblaciones hasta al 22% de las personas mayores de 90 años. Existen dos formas de enfermedad avanzada, la húmeda y la seca. La forma húmeda se caracteriza por el crecimiento anómalo de vasos, dando lugar a hemorragias, exudación y a la formación de cicatrices. La forma seca incluye todas las formas precoces de la enfermedad y las formas tardías caracterizadas por la presencia de atrofia.
Los síntomas iniciales son la deformidad de las imágenes. Las caras de las personas se ven deformadas y las líneas rectas torcidas. Simultáneamente se observa pérdida de visión, especialmente en tareas finas como la lectura.
Diagnóstico
Si alguno de estos síntomas está presente es importante ser reconocido de manera urgente por un oftalmólogo especialista en retina.
En la Clínica existe un equipo de retinólogos que le indicará las pruebas más apropiadas para catalogar su enfermedad. Dispone asimismo de angiografía fluoresceínica y angiografía con verde de indocianina, que permiten determinar la extensión de la enfermedad y el tratamiento más idóneo.
Tratamientos
La Clínica dispone de todos aquellos tratamientos que han demostrado su eficacia en el manejo de esta enfermedad y posee una amplia experiencia en el tratamiento mediante láser de argón de las lesiones localizadas fuera del centro visual, deteniendo la extensión del daño antes de que éste se afecte. Hay que señalar que pese a un correcto tratamiento con láser, el punto de escape puede volver a aparecer, siendo en algunas ocasiones necesario repetir la aplicación.
La terapia fotodinámica se emplea en los casos en que el origen de la lesión coincide con el centro de la visión. Tras la inyección de una sustancia fotosensibilizante en el brazo, ésta se activa con una luz que no produce quemadura en la retina. Las reacciones químicas a que da lugar la sustancia inyectada provocan el cierre de la lesión, con lo que en un gran porcentaje de casos se consigue estabilizar la visión e incluso ocasionalmente mejorarla. Es importante saber que este tratamiento puede requerir varias sesiones (hasta cuatro al año en ocasiones) hasta que finalmente la lesión queda inactiva. La tomografía óptica de coherencia (OCT) nos ayuda a decidir con exactitud la necesidad de retratar las lesiones evitando tratamientos innecesarios.
La termoterapia transpupilar se utiliza en aquellos casos en que no se ha sido capaz de localizar el origen de la exudación mediante las angiografías. Funciona mediante una luz de láser que no llega a quemar la retina, sino que tan solo eleva su temperatura unos pocos grados. Se ha comprobado que esto conduce a una disminución de la exudación en casos seleccionados.
La forma húmeda se trata mediante inyecciones intraoculares de unos fármacos denominados antiangiogénicos. Se necesita un número variable de inyecciones dependiendo de cada caso. Estos fármacos evitan la exudación del líquido desde los vasos anormales, pero no “curan” las causas que originan la enfermedad (la predisposición genética y la edad) por lo que la exudación tiene tendencia a reaparecer. Por eso, los pacientes deben de seguir vigilándose y volver a tratarse si vuelve a aparecer exudación.
En cambio, este tratamiento no es eficaz en las formas secas. En estos casos sólo disponemos de medidas que nos ayudan a retrasar su evolución. Por eso desde la Sociedad Española de Retina y Vítreo y la Red Temática de Investigación Cooperativa en Oftalmología se recomiendan algunas medidas como son el dejar de fumar, la ingesta de una dieta rica en pescado, frutas, verduras y aceite de oliva, o la toma de suplementos nutricionales con luteína, ácidos grasos omega-3 y zinc.
Pronóstico
La DMAE es una enfermedad crónica, pero si la detectamos y actuamos a tiempo podemos conservar una visión adecuada. Por eso son importantes las medidas de diagnóstico precoz como son los test genéticos en los familiares de pacientes afectos y las revisiones periódicas del fondo de ojo por un especialista en retina
Recuerde
- La disminución de visión en las personas mayores no debe ser considerada como un hecho normal y debe ser siempre evaluada.
- La visión de distorsión en las líneas rectas sugiere una enfermedad macular que debe ser evaluada por un especialista en retina en el curso de unos pocos días.
- El período prolongado de evolución puede impedir en muchos casos la aplicación del tratamiento.
- En la Clínica disponemos de los más avanzados sistemas diagnósticos y terapéuticos para indicarle en su caso individual el tratamiento más adecuado.
- Es importante recordar por último que este proceso casi nunca causa ceguera total y que en la Clínica existe una creciente investigación científica en marcha sobre esta enfermedad.






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