Tumores cerebrales

Última revisión: viernes, 23 marzo 2012
Clínica Universidad de Navarra

Los tumores del sistema nervioso central (SNC) son tumores primarios y metastáticos que se localizan en la zona del cráneo, médula espinal y base del cráneo y son valorados conjuntamente por neurocirujanos, oncólogos médicos y radioterápicos con el fin de conseguir la mejor combinación de tratamientos para cada caso. Se cuenta con el apoyo de neuropatólogos, neurorradiólogos y especialistas en Medicina Nuclear en el diagnóstico preciso pre y postoperatorio.

Entre los medios para el diagnóstico de tumores cerebrales disponibles en la Clínica destacan:

  • PET con metionina y FDG. El PET con metionina es extraordinariamente eficaz en los tumores cerebrales.
  • Resonancia magnética (RM) de 1,5 y 3T, incluyendo las secuencias más avanzadas de perfusión, espectroscopia y tractografía.

Los gliomas cerebrales malignos son tumores que presentan mal pronóstico y unos índices de supervivencia muy bajos. Mediante las técnicas quirúrgicas convencionales, la extirpación completa es infrecuente y se consigue en un 30% de las operaciones.

La utilización en el quirófano de un microscopio dotado de un módulo de luz fluorescente consigue la extirpación total de estos tumores en un 67% de los casos.

La dificultad de las intervenciones quirúrgicas de gliomas cerebrales mediante los métodos convencionales radica en la eliminación de los bordes del tumor,  es decir, la zona situada junto al tejido cerebral y que incluso se infiltra en éste. Con la técnica del microscopio fluorescente, el cirujano puede distinguir perfectamente entre masa tumoral y tejido cerebral, para extirpar completamente el tumor, independientemente de su tamaño y de la región de la cabeza donde se aloje.

La distinción de los límites del tumor se consigue mediante la administración al paciente de una sustancia de contraste, el ácido 5 aminolevulínico, ingerida por vía oral. Al estar iluminado con luz fluorescente, el fármaco tiñe de rojo las células activas en fase de multiplicación, que son las tumorales, mientras el resto de las células queda en color azul. Se trata de una medicación sin efectos secundarios ni toxicidad, cuya comercialización se aprobó en Europa en 2008. El fármaco debe administrarse al paciente tres horas antes de la intervención.

De esta manera, el módulo de fluorescencia que lleva incorporado el microscopio consigue, con sólo pulsar un interruptor, obtener una visión fluorescente de la región cerebral que se está operando, gracias a la cual el cirujano puede extirpar la región roja (el tumor) y dejar intacto el tejido cerebral sano, que se observa como fondo azul.

Dentro del quirófano, los neurocirujanos se ayudan de un sistema de navegación para localizar inicialmente el glioma y conocer de forma precisa el lugar de la cabeza por el que iniciar la operación. El navegador presenta un mapa exacto del cerebro del paciente gracias a la información introducida anteriormente mediante una resonancia magnética.

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