Viernes, 2 de marzo de 2007
«Es la pasión por curar lo que lleva al médico al laboratorio»
Jesús Prieto Valtueña, director científico de Medicina Interna en la Clínica Universitaria y director de Hepatología y Terapia Génica del CIMA de la Universidad de Navarra, Asturiano del Año 2006.

El doctor Jesús Prieto Valtueña
No para. De Europa a Estados Unidos, de Asia a Hispan o américa. Congresos, conferencias, cursos, asesorías... «El mundo de hoy –comenta– se basa cada vez más en el intercambio, la comunicación y la colaboración internacional». Ovetense universal, regresa a su patria chica para recoger el premio al Asturiano del Año de este periódico.
Pregunta (P): Leer su currículum casi marea. Son 62 años muy vividos.
Respuesta (R): La vida de todos los médicos es una vida densa y más si se aspira a realizar una medicina académica en donde la labor asistencial se ha de combinar con el trabajo docente y la actividad investigadora. Es una tarea compleja en donde se entrelazan las funciones docentes, los puestos hospitalarios y los cargos en centros de investigación.
P: ¿Por qué decidió hacerse médico?
R: No hay médicos en mi familia y nunca había pensado ser médico. Decidí estudiar Medicina cuando estaba en el último curso de bachillerato. Formábamos un grupo de amigos entre los que estaba Julio Rodríguez de la Rúa, Carlos Suárez Nieto y Alfredo Blanco. Sus padres eran cirujanos. Ocasionalmente, al salir de clase de los Maristas, asistíamos a unas de las operaciones realizadas por estos tres espléndidos cirujanos y yo me maravillaba de ver cómo tras dos o tres horas de intervención, los enfermos que entraban en el quirófano con enfermedades graves salían aliviados. Admiraba a aquellos cirujanos y su ejemplo me llevó a pensar que una manera noble de emplear la vida era dedicarla a atender a los enfermos. Hoy volvería a hacer lo mismo.
P: ¿Y por qué la investigación?
R: Al pasar visita a los pacientes ingresados en el hospital se hace evidente que quedan muchas cosas por conocer de la enfermedad. Mis maestros influyeron grandemente en mi modo de enfocar la práctica de la Medicina y me ayudaron a adquirir el hábito de indagar sobre la causa y mecanismo de los síntomas que se observan en el paciente ingresado o atendido en consulta ambulatoria. El paciente genera en el médico una gran cantidad de interrogantes científicos y plantea problemas terapéuticos. El médico se siente llamado a investigar no solo por el afán de conocer sino sobre todo por su instinto de curar. Es, en definitiva, la pasión por curar lo que lleva al médico al laboratorio.
P: ¿Recuerda alguna experiencia que le haya influido especialmente?
R: En el primer año de mi estancia en la Clínica Universitaria de Navarra atendí a un paciente, joven catedrático de universidad, que presentaba una cirrosis hepática causada por el virus de la hepatitis B, que en aquel momento carecía de tratamiento. La enfermedad avanzó sin que pudiéramos hacer nada por detener el progresivo deterioro de la función hepática y el paciente falleció dejando una joven viuda con varios hijos pequeños. La incapacidad para detener el proceso patológico y la evidencia de las limitaciones de la medicina actual aumentó mi determinación de combinar la dedicación a la clínica con la investigación.
P: ¿Cómo se hace investigación desde un hospital?
R: Hay una gran necesidad de potenciar la investigación en los hospitales porque es preciso realizar una investigación centrada en los problemas acuciantes que plantean los pacientes para darles solución. Es lo que se denomina investigación translacional y el mejor escenario es el Hospital. Es preciso por tanto que junto a los hospitales surjan centros de investigación médica en donde trabajen equipos multidisciplinares compuestos por médicos, biólogos, virólogos, farmacéuticos, bioquímicos, inmunólogos, para realizar un trabajo coordinado hacia unos objetivos clínicos bien definidos.
P: Su dedicación a la Medicina es intensa ¿Le queda tiempo para más?
R: Procuro leer todos los días un buen libro aunque sea solo 15 minutos. Los fines de semana, aunque no todos, salgo a hacer un poco de footing. Alguna vez en el año me gusta ir de excursión al monte. Cuando voy a Asturias suelo organizar una salida a algún pico con mi buen amigo Héctor Centeno.
P: ¿Cómo es un día de trabajo?
R: Muchos días de la semana, unos días a las 8 de la mañana y otros a las 9, imparto clase a los alumnos de Patología General en la Facultad de Medicina. Luego en la Clínica Universitaria veo enfermos en consulta o paso visita a la planta o tengo sesiones clínicas. La tarde de todos los días laborables –y el día completo del lunes– la paso en el Centro de Investigación Médica Aplicada, en donde tengo reuniones con los distintos grupos de investigación de la División de Hepatología y Terapia Génica para revisar los resultados de los experimentos, participar en el diseño y programación de otros nuevos o escribir trabajos para las revistas especializadas. Y ya caída la tarde regreso a casa.
P: ¿Cómo le contaría a un amigo –no médico– a qué se dedica?
R: Nuestro objetivo es desarrollar y mejorar las estrategias terapéuticas para pacientes con hepatitis viral crónica, cirrosis hepática y cáncer de hígado. En todos estos campos tratamos de estudiar las bases moleculares de la enfermedad para poder descubrir posibles dianas terapéuticas. Estudiamos asimismo los mecanismos de daño hepático y tratamos de identificar sustancias producidas por el propio hígado que posean un efecto protector del órgano. En otra línea de trabajo, estamos estudiando diversos métodos para potenciar la acción antiviral del interferón y tratar de alcanzar mayor eficacia curativa en pacientes con hepatitis crónica que no responden al tratamientoconvencional.
P: Pero su fuerte es la terapia génica.
R: Prestamos una atención especial a la terapia génica como posible opción terapéutica para el cáncer hepático, para las enfermedades metabólicas del hígado y para la hepatitis viral. La terapia génica del hígado consiste en introducir genes en las células hepáticas para que ejerzan en ellas un efecto terapéutico. Para la introducción de tales genes se utilizan unas partículas pequeñísimas que se llaman vectores de terapia génica. Estos vectores se inyectan intravenosamente o directamente dentro del hígado.
P: ¿En qué trabaja ahora?
R: Hemos concluido tres ensayos clínicos utilizando la terapia génica para el tratamiento del cáncer del hígado. La terapia fue bien tolerada y, aunque ha habido estabilización de la enfermedad en algunos pacientes, la eficacia fue limitada y por ello en la actualidad estamos tratando de desarrollar vectores mas eficaces que nos permitan hacer ensayos futuros con mejores rendimientos. Por otra parte, estamos intentando poner en marcha ensayos clínicos de terapia génica para el tratamiento de la porfiria aguda intermitente, una enfermedad de base genética que es muy dramática en sus formas graves para las cuales no hay un tratamiento eficaz. Asimismo estamos tratando de poner en marcha un ensayo clínico para proteger el hígado en pacientes sometidos a cirugía hepática o trasplante hepático.
P: ¿Cuándo veremos resultados?
R: Creo que en los próximos 4 ó 5 años veremos avances importantes en el tratamiento de las enfermedades hepáticas. Son muchos los avances en todo el mundo y es de esperar frutos a medio o corto plazo.
P: Pero la terapia génica parece estar dando menos juego que el esperado. El caso de los niños burbuja no benefició.
R: La terapia génica ha pasado la infancia y está atravesando la pubertad. Pronto llegará a la juventud y veremos cómo se convierte en una de las herramientas médicas mas eficaces para una diversidad de indicaciones concretas.
P: ¿Qué pasa por su mente en el momento del hallazgo?
R: Una sensación inenarrable. Un descubrimiento en medicina tiene una repercusión universal, con impacto en la salud de muchas personas. Uno siente que han valido la pena todos los esfuerzos y sufrimientos.
P: Lance un mensaje de esperanza para los enfermos de cáncer.
R: En los últimos años se ha progresado tremendamente en la comprensión de las bases moleculares de la enfermedad tumoral. Eso ha permitido identificar dianas moleculares para el tratamiento del cáncer y diseñar moléculas de escasa toxicidad y muy efectivas que apuntan directamente a los mecanismos esenciales para la progresión del tumor. Son como misiles moleculares dirigidos contra puntos neurálgicos de las células cancerosas. Es la terapia biológica dianizada. Ya están apareciendo varios de estos fármacos en el mercado y en los próximos años veremos cómo el número se multiplica y se incrementa su efectividad.





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